Lacrimosa

 

Al hablar del Requiem de Mozart lo primero que nos viene a la cabeza seguramente es el Lacrimosa, esa maravillosa y espiritual pieza perteneciente a la secuencia de la misa de difuntos que quizá sea el momento más sublime de la obra completa y que marca el punto intermedio de todo el Requiem. Y del mismo modo, al decir Lacrimosa, pocos pensarán en el Requiem de Verdi o la Gran Misa de difuntos de Berlioz. El Requiem de Mozart y su Lacrimosa han dado la vuelta al mundo sembrando admiración ante cualquier público que ha podido admirar dicha pieza. Lo llamativo de esta circunstancia es que el Lacrimosa es una pieza que Mozart dejó inacabada, es más, sólo dejó escritos los 8 primeros compases, a partir de ese punto fue un alumno y amigo de Mozart, Franz Xavier Süssmayer, el que completó la pieza y le dio forma hasta el punto en el que la conocemos hoy.

Süssmayer se basó en el esbozo de Mozart, esos primeros 8 compases que respetó y dejó tal cual, y le dio continuidad seguramente a partir de las conversaciones que mantuvo con el propio Mozart en los últimos días de su vida, ofreciéndole amistad, apoyo e incluso sirviéndole de copista. Olvídense de aquella licencia de la excelente película de Milos Forman, Amadeus, en la que un Salieri podrido de envidia era el que le ayudaba en sus últimos días de vida.

Sin embargo, Süssmayer descartó utilizar  una información que Mozart dejó escrita para el Lacrimosa. Mozart compuso el tema de una fuga que, sobre el texto de Amen (en latín no lleva tilde), cerraría el Lacrimosa; los expertos en la materia coinciden en señalar que Süssmayer desconfiaba de sus habilidades contrapuntísticas como para hacer frente a ese tema que dejara escrito Mozart y darle una forma de fuga digna de su maestro. Es por ello que decidió escribirle una cadencia plagal austera, muy del gusto del s. XVIII, como la del Aleluia de Handel en su Mesías. Durante dicho siglo se observa que existía una tendencia a relacionar la cadencia plagal IV-I con la música religiosa, puesto que son muchos compositores las que la usan, desde Mozart y Handel pasando por M. Haydn entre otros; esto es debido quizá a que la cadencia V-I estaba más relacionada con la música no religiosa (sonatas, rondós, valses…) y que existía una tradición anterior de cadencias plagales en la música religiosa que la respaldaba.

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